Ni dice ni oculta: hace señas
Entre los fragmentos que nos quedan de Heráclito hay uno que todo lector de oráculos debería tener presente: «El señor cuyo oráculo está en Delfos ni dice ni oculta, sino que hace señas». Lo conservó Plutarco, que fue sacerdote de Apolo en Delfos y conocía mejor que nadie la manera en que hablaba el dios. En griego son tres verbos: légei, decir; krýptei, ocultar; semáinei, hacer señas, significar. Heráclito niega los dos primeros y afirma el tercero. En esa frase breve cabe toda una teoría de cómo nos habla lo invisible, y no sólo en Delfos: también en las cartas y en el mundo. Ni dice. El dios no habla como un hombre le habla a otro, con frases directas que no necesitan interpretación. Si lo hiciera no habría oráculo sino conversación, y el lector sobraría. Pero hay algo más: la palabra directa es pobre. Dice una cosa y excluye todas las demás. La seña, en cambio, contiene más de lo que una frase podría decir, porque reúne en una sola imagen muchos sentidos que se pertenecen. Cu...